He disfrutado mucho escribiendo el prólogo del libro “Lo que aprendí del fracaso” porque, en muchos momentos, me he sentido identificada con la historia de Jacobo.
Conozco bien lo que significa convivir con la exigencia, con la incertidumbre, con el miedo a no llegar… y también con ese aprendizaje profundo que dejan los grandes retos, incluso cuando no salen como imaginabas.
Por eso este libro me parece tan honesto y tan necesario. Porque nos recuerda que el verdadero triunfo no siempre está en alcanzar la meta, sino en quién te conviertes mientras lo intentas.
Gracias, Jacobo Parages Revertera, por compartir tu historia con tanta verdad.