La maleta de… Theresa Zabell: «Me gusta comer espetos de sardinas hasta en Navidad»

Ha navegado, literalmente, por los siete mares. Y con tal pericia que se colgó al cuello dos medallas de oro en los Juegos de Barcelona 92 y Atlanta 96, respectivamente. Luego le ha tocado capear las procelosas aguas de la política comunitaria como eurodiputada. Malagueña nacida en Inglaterra, activista medioambiental, la ex regatista acaba de escribir el libro El poder de los cinco aros, una hoja de ruta para el apasionante viaje de la vida.

Desconocía que había nacido en Ipswich, ciudad inglesa. ¿Merece la pena ir hasta allí?No te puedo contestar porque me vine a España siendo un bebé. Y aunque he regresado a Inglaterra muchas veces, a Ipswich no he vuelto a ir. Es una espina que quizá me quite algún día. Mis primeros recuerdos ya son de Málaga.
Pues venga, cuente, cuente, que seguro que hay recuerdos de veranos con arena en los pies…
Vivíamos en Pedregalejo, que está a las afueras de la ciudad. Luego nos mudamos a Fuengirola que es donde crecí. Recuerdo los chiringuitos de la zona de Torre Blanca y el olor de los espetos de sardinas. Me encantan. Me gusta comerlos hasta en Navidad. Y cada año con mis hijos activaba la operación erizo para buscarlos entre las rocas.
Lo de ser regatista es estar continuamente en danza. ¿Le dio tiempo a visitar lugares más allá de atracar en puerto o ver el litoral desde el barco?
Desde que me fui a vivir a Barcelona para preparar los Juegos del 92 no he parado. Por ejemplo, Atlanta ni la pisé, ni fui a la ceremonia inaugural porque estábamos en el campo de regatas en Savannah, muy bonito y natural, pero lleno de cocodrilos y teniendo que sortear bancales de arena, 40 grados y pico y mucha humedad.
Estuvo cinco años como eurodiputada y Estrasburgo suena como muy aburrido. ¿alguna dirección interesante lejos de burocracias?
Como soy una apasionada de los quesos hay un restaurante maravilloso que se llama La Cloche de Fromage con todos las variedades que te puedas imaginar. Creo que está hasta en el Libro Guinness. Al maestro quesero le contabas tus gustos y te montaba un plato en función de ello, con un orden metódico a la hora de degustarlos.
¿Qué destino idílico mejor no publicitar mucho para que no se masifique?
El archipiélago de Los Roques, en Venezuela. Las vacaciones más espectaculares de mi vida. Fue un fin de año y me pareció un lugar realmente especial. La pena es que ni siquiera muchos venezolanos lo conocen.
Usted, tan marina y tan marítima, siempre en el agua, no la hacía mucho de playas.
Pues me encantan. Entre mis favoritas, la de Cabo Pino, cerca de Marbella, y Es Trenc en Mallorca.
Como es de ascendencia inglesa, ¿qué destinos faltan en su ‘bucket list’ de deseos pendientes?
Sobre todo la Antártida, un lugar formidable que juega un papel fundamental en el mantenimiento del planeta. Tengo una fundación, Ecomar, en la que ponemos el rol del mar en el centro de la ecuación. Muchos siguen pensando que la gran aportación de oxígeno la producen los árboles, cuando un 70% lo brindan los océanos.
¿Qué es lo más extraño que se le ha enganchado a la orza (esa aleta sumergida) del barco?
Unas botas de montañero atadas entre sí. La gente ignora que el 80% de las basuras marinas llegan del interior de la tierra.
Se ha pasado la vida sobre la superficie del mar: ¿no le apetece ver qué hay debajo? Los que vamos encima del agua no solemos ir debajo y viceversa. Empecé hace cinco o seis años a bucear, por compartir con mis hijos la afición y ver de primera mano cómo están los fondos marinos. En España me quedo con Cabo de Palos, un destino precioso.
¿Qué no debe faltar en su maleta en vacaciones?
Pues no faltan las gafas de de bucear, la crema solar y una aletas para nadadas largas en el mar. Y este año el libro Mentalidad, Propósito, Pasión, de la ex nadadora de sincronizada Andrea Fuentes.
Otra lectura sería Un hotel en Cabo de Palos, de Ana Alemany.
‘El poder de los cinco aros’ (ed.Kolima) se llama su reciente libro, que compendia su experiencia olímpica aplicada al viaje vital: ¿por qué leerlo ahora?
Porque es un manual sobre qué rumbo tomar, para el que no sabe muy bien cómo dar el primer paso hacia un objetivo. Los cinco aros son las escalas del camino. El azul, el sueño; el negro, la adversidad; el verde, el equipo, la cooperación; el amarillo, la estrategia; el rojo, la suerte, unida a la preparación y la oportunidad.
A lo mejor, por su condición de regatista, también puede prescribir los mejores litorales o acantilados…
Me quedo con los fiordos de Bergen (Noruega).
Los y las regatistas, ¿también tienen un amor en cada puerto?
Jajaja, no, no, nosotros íbamos a los diferentes puertos a intentar cumplir objetivos deportivos y entonces no estábamos para desfogarnos.
¿Alguna receta marinera estival?
Cualquier pescado a la sal. O una urta a la roteña.
¿Daría la vuelta al mundo?
Si tuviera el tiempo, ¿por qué no? Recalaría en Costa Rica, que no lo conozco, la Polinesia francesa y las islas del sur de Japón.
Dicen los turistas espaciales que desde la estratosfera se ve muy bien el mar…
Es curioso que que haya más personas que han visitado la Luna de los que han bajado hasta al fondo del océano. Lo primero que tenemos que hacer es conocer el gran azul para poder valorarlo y conservarlo.

JAVIER VICENTE CABALLERO
 (YO DONA)

Compartir: 

Conecta con Theresa y su equipo

Si te gustaría colaborar, participar en proyectos de sostenibilidad o conocer más sobre nuestras iniciativas, estaremos encantados de escucharte.

Contacta para conseguir tu conferencia o presentación de evento.